¿Te has preguntado alguna vez por qué no estás vendiendo tu producto o tu servicio, aunque publiques constantemente y sientas que lo estás haciendo “bien”? Muchas veces la respuesta no está en el precio, ni en el diseño, ni siquiera en el producto en sí. El problema suele ser mucho más simple: querer venderle a todo el mundo.
Uno de los errores más comunes que vemos en muchos negocios es intentar que todo el mundo se sienta identificado con lo que hacen. Y aunque suena lógico pensar que mientras más personas te vean, más vas a vender, en realidad suele pasar lo contrario. Cuando intentas hablarle a todos, terminas no conectando con nadie.
Cada persona es diferente. No es lo mismo comunicarle a una señora de sesenta años, con hábitos y gustos muy marcados, que a un chico joven de veinte, con otra forma de consumir contenido y de tomar decisiones. Pretender que el mismo mensaje funcione para ambos es como querer venderle algo a cada dedo de la mano usando el mismo argumento, cuando ninguno se parece al otro.
Aquí es donde entra algo que casi nadie explica de forma sencilla: entender a quién le hablas es una de las partes más importantes de cualquier estrategia. Y aunque muchas veces no nos enseñan a dividir a nuestros posibles clientes en grupos o a pensar en perfiles distintos, hacerlo cambia completamente la forma en la que comunicas.
Y esto no solo pasa en negocios grandes. En redes sociales también se segmenta, aunque no siempre seamos conscientes de ello. El contenido que crea una hamburguesería no es el mismo que el de una tienda de ropa, no solo porque venden cosas distintas, sino porque se dirigen a personas diferentes, con intereses y formas de consumir contenido muy distintas.
Hablamos desde la experiencia de haber entendido esto trabajando con varios negocios. Cuando una marca deja de intentar gustarle a todo el mundo y empieza a comunicarse para un público concreto, todo se vuelve más claro. El mensaje conecta mejor, la marca se siente más cercana y, con el tiempo, empiezan a llegar no solo ventas, sino algo todavía más valioso: personas que vuelven.
Cuando entiendes a tu público, empiezas a fidelizar. Empiezas a crear una comunidad de personas que confían en tu negocio, que repiten, que regresan en otras ocasiones y que te eligen sin tener que convencerlas cada vez desde cero. Y eso, a largo plazo, es lo que hace que un proyecto crezca de forma sana y sostenible.
Por eso es importante aceptar algo desde el principio: no todo el mundo te va a comprar, y está bien que así sea. Encontrar a tu público y hablarle de forma clara no te hace perder oportunidades, te acerca a las correctas.
Si sientes que estás creando contenido pero no conectas con nadie, quizá el problema no sea lo que vendes, sino a quién le estás hablando. Si quieres, puedes suscribirte y en un proximo mail te contamos cómo trabajamos la estrategia y el contenido para que las marcas dejen de hablarle a todos y empiecen a conectar con quienes realmente importan.